Sanando el auto sabotaje

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Todos tenemos uno.

A veces parece una madre paranoica que grita a su hijo cada vez que va a moverse:

¡te vas a caer! Y por supuesto el hijo, para no decepcionar a la madre cae al suelo. También podría ser un hombre de corbata y lentes que contempla la descripción entusiasta que haces de tu idea con ojos fijos y sin parpadear, tomando apuntes con letra pequeña y pulcra en su libreta. Te escucha educadamente, sin interrumpir ni preguntar, y cuando finalizas de exponer tus sueños, se cruza de manos y te dice: es demasiado riesgoso, no tienes lo suficiente (belleza, contactos, dinero, experiencia, conocimiento, habilidad), es mejor que continúes donde estás.

Otras veces el saboteador está en el cuerpo y es parálisis, un peso interno que dificulta que te muevas y te quita toda la energía. Pueden ser solamente voces: ¿para qué lo vas a hacer? ¿y si te dice que no? Se van a reír de ti, ¿a quién le importa? te vas a morir de hambre ¿y pagan por eso?

Desafiar el saboteador requiere todo de ti y aunque ganes mil batallas no es posible derrotarlo. Porque en realidad el saboteador es una forma de “amor” que nos han enseñado. Un “amor” que busca nuestra seguridad y evitar el dolor que viene con aprender y crecer, un amor que nos prefiere pequeños y a salvo. Todos tenemos un agente de seguros interno, que aunque busca nuestro bienestar, concibe la vida como algo peligroso que es preferible tener bajo control.

En general, crecer y aprender, significa entrar en lo desconocido, descubrir la torpeza de una habilidad no desarrollada que mejorará con la práctica, y exponerse ante otros.

Mi saboteador me pregunta: ¿quién te va a leer? ¿por qué habría de importar tu opinión?

Y yo no lo sé!

No tengo una buena respuesta para esas preguntas, ni estadísticas, ni análisis de mercadeo, nada!

Pero no puedo evitarlo. Tengo tanto por decir! (Ya hay un libro)

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Así que hago de tripas corazón y me expongo

Porque finalmente no tengo nada que perder

Salvo mi miedo

Porque creo que no hay peor diligencia que la que no se hace y que lo que realmente importa en la vida es que tanto somos fieles y leales a nuestros propios sueños.

Mi saboteador y yo nos conocemos. El sabe que puede hablar, y que yo lo escucho porque su mirada realista me ayuda a buscar la excelencia y a cubrir la mayor cantidad de escenarios. También sabe que yo mando, que él es sólo un asesor, para que la aventura de mi vida salga de la mejor manera.

Y a ti, cómo te va con tu saboteador?

Parte del aprendizaje del amor propio consiste en relacionarse asertivamente con todo lo que somos. La próxima vez que te enfrentes al autosabotaje, antes de juzgarte observa cuál es tu miedo, si es real, y si es tan terrible. Respira profundo varias veces y conecta con la alegría y el poder que te dará realizar lo que quieres. He preparado esta meditación en Insight Timer para ti, como recurso extra de autoterapia.

Recuerda que la magia comienza cuando sueltas el miedo

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